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domingo, 6 de junio de 2010

Rock Star

Siempre me ha encantado. Subirme en el escenario y captar la atención de todas las miradas, colocándose vibrantes entre las cuerdas de mi guitarra a medida que los focos se encienden uno a uno. Y tocar la primera nota, y la segunda, y cambiar de acorde y, de repente, hacer retumbar todo el escenario. Con los amplificadores al máximo, con nuestra sangre hirviendo dentro de nuestras venas y arterias. Es por eso que un rato antes de salir siempre echaba un buen polvo, para tratar de enfriar un poco. Siempre hay alguna dispuesta a dejarse follar por una gran estrella del rock. Justo antes de salir nos reuníamos los 4, el bajista, el batería, la chica de la segunda guitarra y yo. Nos metíamos la cocaína y salíamos esperando que no tardase en subir.

Todos me decían: huye. Pero puedes correr tan rápido que a tu paso tiemble el universo, pero no escaparás. Ya se saben todos los escondites. Pero de todas formas yo tampoco quería escapar. Y mis padres me decían que bajase la música, pero nunca lo hacía porque el máximo volumen seguía siendo demasiado bajo y no conseguía tapar el ruido de mi conciencia. Luego las hormigas se volvían fluorescentes, se metían debajo de la cama con el monstruo de cuando era niño y tenían unos diálogos de lo más interesante. Pero después, cuando me acerqué a acariciar al gato, se convirtió en león.

lunes, 10 de mayo de 2010

Alma y Héctor.

Abrió los ojos y se encontró con ella desnuda a su lado. Sonrió al recordar la noche anterior, y se desperezó como un gato. Ella aún dormía, así que la abrazó y se dedicó a escuchar su respiración un rato más. Con el roce de sus manos en los pechos de su amiga, o ahora más que amiga, empezó a sentir calor de nuevo, así que decidió despertarla de la mejor manera posible.

Mientras soplaba su cuello y le besaba la oreja suavemente, hundió los dedos en su vagina notando cómo poco a poco se humedecían. Alma abrió sus ojos suavemente y sonrió, al igual que él había hecho al despertarse, cuando se dio cuenta de que estaba en la cama de Héctor con éste a su lado poniéndola a mil. Entonces, sin previo aviso, se dio la vuelta y se puso encima de él. Ante la cara de sorpresa de este, que no sabía que Alma ya se había despertado, le besó. Sí, le besó en la boca, en el cuello, en el tórax. Recorrió su ombligo con su lengua hasta llegar a lo más íntimo de él para seguir besándole.

Entonces, Héctor la hizo parar, se puso encima de Alma y, sujetándola los brazos hacia el cabecero de la cama, inmovilizándola, comenzó a penetrarla como si le fuera la vida en ello, yéndose ambos al orgasmo entre ligeros gemidos repletos de pasión.

sábado, 8 de mayo de 2010

viernes, 30 de abril de 2010

Plan para hoy.

-Podemos quedar con estos y tomarnos algo por ahí con buena música, y después, para casa a dormir juntos.

-Te propongo otra cosa. ¿Qué tal si te abrazo así como ahora, te doy un beso, te tumbo en la cama y me tumbo con la cabeza apoyada en tu hombro?, así, sí. Nos fumamos un par de porros y después te hago el amor. Quizás un par de veces. Y para terminar, sin decir nada, nos quedamos así mirando al techo hasta dormirnos desnudos. Y ya quedamos mañana con estos. ¿Te parece?

-Me parece perfecto.

miércoles, 28 de abril de 2010

lunes, 26 de abril de 2010

Imagine.

¿Mi momento favorito del día? Cuando me meto a la cama y doy rienda suelta a mi imaginación. Es entonces cuando consigo que recorra cada centímetro de mi cuerpo con sus manos.

martes, 20 de abril de 2010

No.

Él se sienta en la cama, ella encima. Le besa, le empuja y le tumba. Sigue besándole, sujetándole la cabeza con las manos temblorosas. No abre los ojos, prefiere imaginar. La barba de tres días le irrita los labios, pero le encanta. Suavemente, le quita la camiseta, se desnudan, el uno frente al otro, ya no hay marcha atrás. Tampoco iba a darla. No puede. La sangre de sus cuerpos empieza a arder, ahogándolos entre jadeos. Firmemente, la tumba en la cama, ella se deja hacer. Con los ojos cerrados, una lágrima se escapa de sus ojos. Pero no escapará ninguna más. No va a seguir engañándose. Por mucho que continúe queriéndole.

viernes, 16 de abril de 2010

amanecer

Confundida, simplemente deja que su cuerpo sienta esperando un futuro incierto. Se deja llevar por el alcohol, el tabaco y el calor del cuerpo humano que no desea. Necesita que la quieran, que la mimen, que la amen. Porque para ella el sexo no vale nada. Porque para ella un fumarse un cigarro junto a él vale más que cualquier polvo con un desconocido. Claro que se divierte con el sexo, ¿y quién no? Pero ella no busca diversión. Ella busca amor. Aún a sabiendas de que, buscándolo, no lo encontrará.

Sigue bailando. No sabe qué hora es, pero no mira el reloj. Alguien le habla al oído, pero ella no escucha. Sólo baila. Deja que la música tome su cuerpo y lo convierta en contorsionista. Ya no le importa nada salvo su última cerveza y el cigarro de su mano. Y bailar, no puede dejar de bailar. Sabe que el cansancio acabó con ella hace horas, pero no le importa. Si no lo piensa, aún puede aguantar.

Un rayo de sol asoma por las puertas del after. Se termina la cerveza, se recoge el alocado pelo en una coleta y se pone el abrigo. Bien, ya puede ir a casa. Ha evitado otro amanecer más.

lunes, 12 de abril de 2010

Lo sé, lo entiendo y lo acepto.

Sé que llegará el día en que comprendas que nadie va a quererte más de lo que yo te quiero. ¿Sabes en qué lo noto? En que vuelvo a preferir tu vida, tu felicidad, antes que la mía. Vuelvo a soñar con tonterías, a despertarme sonámbula mascullando cuentos. Regreso al pasado, a que un olor, tu olor, me vuelva loca. A imaginar lo que sería sentir tu aliento en mi cuello sin poder contener los escalofríos. A tener que ponerme las cadenas para no posar mis labios sobre el tuyo, porque sé que ya no podría parar, no podrías apartarme. Vuelvo a sonreír cuando me dices algo de eso que sólo tú y yo entendemos, nuestras pequeñas cosas, miradas, eso que hace que nuestra relación sea única.

Y sí, también sé que quizás yo no sea aquella con quien tengas algo más especial que una amistad con sexo, sé que puede que nunca llegue a poseerte, pero sé que, como yo, no va a tratarte nadie. Porque cuando quiero algo, doy todo por ello. Y ese algo, eres tú.

miércoles, 7 de abril de 2010

Drogaína.

Largas tardes.
El sol se esconde.
Drogaína.

Sueños, dulces sueños.
Pesadillas.
Drogaína.

Sexo.
Noches de locura.
Drogaína.

Y aquí estoy.
Mintiéndome a mí misma.
Drogaína.

domingo, 4 de abril de 2010

Diálogo.

-Bueno, ¿y qué hay sobre lo de irnos a mi casa?

-No sé... Sería un poco raro, ¿no?

-Y si te digo que lo que más me apetece ahora mismo es tirarte sobre la cama, enredar mis manos en tu pelo y hacerte el amor durante el resto de la noche para después verte dormida sobre mi pecho y besar, suavemente para no despertarte, tus labios entreabiertos por la respiración acompasada de los más profundos sueños ¿qué me dices?

-Te digo que creo que, contigo, me voy al fin del mundo.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Matutino.

La luz entra por la ventana. Lo noto. Debí olvidar bajar la persiana anoche. Abro los ojos y miro el reloj: las 11:30. Ya va siendo hora de levantarse, pero creo que me quedaré un poco más en la cama. Me doy la vuelta y ahí estas, con esa cara de niño bueno que pones cuando duermes.



Te veo ahí tumbado, dormido, y no resisto la tentación. Me arrimo con cuidado y te abrazo por la espalda, pero tú ni lo notas. Aspiro tu aroma, ese que me vuelve loca cuando pasas delante de mí. Y, cómo si fuese una vampira a la que le crecen los colmillos al olor de la sangre, se me despiertan los instintos. Te beso el cuello, bajando a los hombros, volviendo a subir al cuello. Lo soplo un poquito, con cuidado y lo beso de nuevo. Entonces te pego un mordisquito, suave, mientras te acaricio el torso. Veo que abres un ojo, y me río. Te volteas y me sonríes, pícaro, probablemente no sepas ni qué día es, pero sabes lo que va a pasar. Entonces me abrazas fuerte, medio estirándote, saludándome mientras me besas. No lo aguanto más y te quito la camiseta mientras te colocas sobre mí. Me apartas el pelo y sigues besándome, sin importarte nada más.

Me coges las manos y me las sujetas por encima de mi cabeza, me quitas la camiseta, yo me dejo hacer. Y así, desnudándonos suavemente, despacio, va subiendo la temperatura. Apartamos las sábanas, y deja de existir el resto, sólo estamos tú y yo. Haciendo el amor en cada rincón de la casa, divertidos, salvajes, cariñosos y tiernos. Y cuando sentimos que ya no podemos más, tomamos el café de la mañana en el sofá, cómplices de delitos por los que no pueden condenarnos.

martes, 9 de marzo de 2010

Amor.

Si algo echo de menos de mis relaciones es hacer el amor. No el sexo, sino hacer el amor. Son conceptos bien distintos. El sexo está vacío, es sólo diversión. Sin embargo hacer el amor es la mejor sensación que hay en el mundo. Es un acto lleno de complicidad, lleno de miradas que rebosan significados. Los besos son sinónimo de pasión, las caricias de amor. Cuando el corazón te late a la velocidad de la luz, no por el calor ni por el cansancio, sino por el continuo tráfico de sentimientos entre los dos cuerpos. Cómo el besar el cuello puede convertirse en lo más bonito que jamás hayas hecho. El momento en que la excitación puede contigo y abrazas su cuerpo, queriendo no despegarte nunca de él.



El principio siempre es lo mejor de todo. Cómo un abrazo pasa a ser un beso, y éste llega a rebosar amor, pasión y excitación. Cómo le quitas la camiseta, deseando acariciar, rozar. Ese momento en que te das cuenta de lo que va a pasar, y sonríes. Juntos, bajo las sábanas, para que no se escape nada del amor, del calor que nos mantiene unidos. Jugar, reír, besar, abrazar, morder, acariciar, sentir, amar.



Necesito que me hagas el amor.

jueves, 4 de febrero de 2010

Te quiero, a pesar del tiempo y la distancia.

En cuanto me mires, me quitaré toda la ropa y me meteré en tu cama. Así, desnuda, frente a ti. Esperando a que me acompañes, porque necesito sentirte. Rozar tu piel con mis manos, con mi piel, estando a merced del calor de nuestros cuerpos. Y así, de madrugada, fundirnos en uno. Complementarnos como la tierra al mar, como la luna a las estrellas.

Y es que parece que ya siento tus manos sobre mi espalda, sobre mi cuerpo. Ya siento la habitación llena de caricias y miradas de complicidad. Y así, sentir aquello que tu sientes, ver aquello que tu ves mientras los dos, juntos, en el mismo lugar y en el mismo instante, nos amamos.

Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.

William Shakespeare